El Canal de la Mona, el estrecho marítimo de 130 kilómetros donde se encuentran el Atlántico y el Caribe, es conocido desde hace años como una ruta mortal: los migrantes lo cruzan en ‘yolas’ de madera sobrecargadas y muchos mueren ahogados en el intento. Esta peligrosa vía caribeña registraría ahora una presencia inusual de ciudadanos ecuatorianos: según datos de la Subsecretaría de Migración, desde 2024 un total acumulado de 24 094 ecuatorianos viajaron hacia República Dominicana y nunca formalizaron su reingreso al país.
La exención de visa de turismo, vigente hasta el 31 de diciembre de 2026, habría impulsado este flujo migratorio. En 2019, antes de la pandemia, se registraron 9 522 salidas de ecuatorianos hacia República Dominicana; la cifra subió a 32 814 en 2022 y a 42 830 en 2023, pero el verdadero quiebre estadístico se dio en 2024, cuando las salidas se dispararon a 59 866 frente a apenas 51 143 retornos, dejando una brecha de 8 723 personas sin registro de regreso. En 2025 ese saldo negativo fue de 7 369, y entre enero y julio de 2026 ya se contabiliza una diferencia de 8 002 movimientos sin retorno, una cifra superior a la de todo el año anterior.
La Subsecretaría de Migración del Ministerio del Interior reconoció por escrito que, de acuerdo con las variaciones detectadas en los flujos de salida hacia República Dominicana desde 2025, «se presume que este país podría estar siendo utilizado actualmente como ruta de tránsito para una migración irregular». No obstante, la entidad matiza esa alerta con otro cálculo: según su seguimiento de personas que cruzaron la frontera con cédula única entre enero y julio de 2026, el saldo migratorio depurado que no ha retornado sería de solo 2 107 personas, cifra que atribuye en parte a la temporada de vacaciones escolares de la Sierra. El Ministerio admitió además que no ha participado en ninguna mesa de trabajo bilateral ni mantiene una alerta conjunta activa con las autoridades migratorias dominicanas.
José Miguel Vásquez, coordinador de la Maestría de Derecho Migratorio y Consular de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, explicó a Primicias que los migrantes ingresan de forma legal por los aeropuertos simulando un perfil turístico y luego se trasladan en autobuses hacia provincias costeras como La Altagracia, El Seibo o Nagua, desde donde zarpan las ‘yolas’ rumbo a Puerto Rico. Al tratarse de un Estado Libre Asociado de Estados Unidos, una vez que el migrante pisa territorio puertorriqueño los vuelos hacia el resto del país se consideran domésticos y solo exigen una identificación común, sin control migratorio adicional.
Pese a la magnitud de la brecha estadística, las capturas de ecuatorianos en la frontera de Puerto Rico son mínimas: en los últimos cuatro años solo 38 personas fueron detenidas, según la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos (CBP), que advirtió que quienes son detenidos enfrentan procesos criminales federales que los inhabilitan de manera permanente para acceder a cualquier vía legal de regularización. Los propios registros dominicanos muestran, además, que los ecuatorianos no permanecen en la isla —en 2024 el saldo de permanencia fue de apenas 496 personas—, lo que deja abierta la pregunta sobre hacia qué otros destinos se desvía ese flujo. El experto dominicano señaló que el país también funciona como puente hacia territorios caribeños vinculados a Europa, como Curazao, Aruba o dependencias francesas, desde donde algunos migrantes intentan llegar al continente europeo, mientras organizaciones ecuatorianas siguen de cerca otra ruta marítima hacia las islas Bimini, en Bahamas, donde se han reportado desapariciones de migrantes originarios de Cañar y Azuay.
Con información de Primicias.
