El robo del siglo en Zamora: oro capturado por militares desaparece bajo custodia policial

Una historia que parece sacada de una serie de suspenso y corrupción ha sacudido a la opinión pública del país. En el corazón de la provincia de Zamora Chinchipe, un operativo militar terminó en uno de los episodios más desconcertantes de los últimos años: la misteriosa desaparición de 2 kilos con 600 gramos de oro mientras estaban bajo custodia de la Policía Nacional.

Todo comenzó hace pocos días, cuando una avioneta aterrizó en una pista clandestina en la parroquia Cumbaratza. A bordo viajaban dos individuos con una maleta cargada de oro, quienes fueron inmediatamente aprehendidos por efectivos del Batallón de Selva N.º 62 “Zamora”. El material aurífero fue decomisado, los celulares incautados y se activó un protocolo que incluía coordinación con otras entidades estatales.

El procedimiento parecía avanzar con normalidad. Sin embargo, la historia dio un giro inesperado. Los detenidos alegaron que el oro tenía origen legal y presentaron documentos para demostrarlo. Sus abogados acudieron ante las autoridades, exigiendo la devolución del mineral precioso.

Y fue entonces cuando estalló el escándalo.

Los abogados se encontraron con una respuesta insólita por parte de la Policía: el oro ya no estaba. Según el testimonio oficial, el material fue robado de las propias instalaciones policiales en circunstancias que aún no han sido esclarecidas. Ningún responsable ha sido identificado hasta el momento, y la investigación interna apenas comienza.

La noticia generó una ola de indignación en la ciudadanía y en diversos sectores políticos y judiciales. La falta de claridad en la cadena de custodia, la supuesta legalidad del oro y la incapacidad institucional para preservar evidencias han puesto en entredicho la credibilidad de los organismos de seguridad.

¿Qué pasó con el oro?
Esa es la pregunta que hoy se hacen los zamoranos y los ecuatorianos. La Fiscalía General del Estado ha iniciado un proceso de indagación previa por posible peculado o sustracción de evidencias, mientras sectores de la sociedad civil exigen una auditoría externa e independiente.

¿Quién responde por esta pérdida? ¿Cómo se explica un robo dentro de la propia Policía?
Mientras los ciudadanos exigen justicia y transparencia, el oro —y quizás la confianza— parece haber desaparecido sin dejar rastro.

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